Tercero: Los actos de adoración

 Al·lâh decretó para el musulmán cuatro actos de adoración que son la puesta en práctica de la fe que profesa. Algunos han de realizarse diariamente, otros semanalmente, otros mensualmente, otros anualmente, y el último como mínimo una vez en la vida, si se tiene posibilidad de llevarlo a cabo.

Esos actos de adoración son:

1- La oración.

2- El ayuno.

3- Azaque o limosna obligatoria.

4- La peregrinación a la Meca.

 1/ La oración (As-Salâ(t)):

Rezar al Creador diariamente es el mejor camino para formar en el ser humano una personalidad equilibrada y conseguir un buen desarrollo afectivo.

 Al·lâh no precisa de nuestras oraciones, ya que está exento de toda índole de necesidad. El beneficio de la oración recae en la propia persona. Rezar nos reporta a los humanos beneficios ilimitados y tiene para nosotros un provecho inimaginable.

Durante la oración, cada uno de los músculos del musulmán coinciden con su espíritu y su mente en la adoración y glorificación de Al·lâh.

La oración constituye el núcleo de la adoración.

 Ningún otro procedimiento supera ni iguala a la oración en el sentido de que reúne la contemplación mental y la entrega espiritual, la sublimidad moral y la actividad corporal, todo ello en un solo acto.

 Establecer la oración es una obligación para todo musulmán, hombre  o mujer, que haya alcanzado la edad de la razón y la pubertad. Tan sólo quedan exentas de esta obligación las mujeres durante el periodo de menstruación y en el post-parto.

 Los requisitos de la oración:

Los requisitos de la oración se resumen en: la ablución (wudû´), la purificación de la vestimenta y del lugar donde se realiza la oración. Es menester también llevar una prenda decente (que cubra las partes pudendas), tener la “intención” (nîa) de rezar y dirigirse a la alquibla, que es la dirección de la Ka’aba en la Meca.

 Oraciones obligatorias:

Las cinco oraciones que se realizan cada día, la oración del viernes que se realiza hacia el mediodía una vez a la semana y la oración por el difunto.

Oraciones de la sunna fijas (confirmadas):

Son unas oraciones extras, muy recomendables, que se realizan al lado de las obligatorias, además de  las oraciones de las dos Fiestas (‘Aidain): la Fiesta del fin de Ramadán y la Fiesta del sacrificio del cordero.

Oraciones de Nawâfel (voluntarias)

Son numerosas oraciones realizadas de manera voluntaria durante el día o la noche.

 Horario de las oraciones obligatorias:

 - Oración del Faÿr (alba): Su tiempo es desde el alba hasta antes de la salida del sol.

- Oración del Dhohr (mediodía): Se realiza al medio día, cuando el sol está en una posición vertical llegando a la mitad de su recorrido (relativo) con dirección a poniente.

- Oración del ‘Asr (la tarde): Su cita es desde que  termina el tiempo de la oración del mediodía hasta la puesta del sol.

- Oración del Maghreb (atardecer): Se realiza después de la puesta del sol cuando desaparece el crepúsculo rojo en el horizonte occidental.

- Oración del ‘Aishâ´(la noche): Su cita es una vez terminado el tiempo de la oración del atardecer hasta el alba.

 Todas las oraciones han de realizarse en su tiempo determinado a menos que se tenga una disculpa razonable. Quien no realiza la oración obligada en su tiempo la tiene que hacer lo más pronto posible.

 La oración se establece por medio de movimientos corporales que van acompañados de expresiones precisas y recitación de aleyas o versículos de Al-Qor´ân (El Corán).

 Además de las oraciones obligatorias y las establecidas por la sunna, el musulmán debe recordar a Dios (Al·lâh) en todo momento, expresándole agradecimiento y gratitud por los dones que le ofrece y suplicando Su perdón e indulgencia en todo momento. Todo buen musulmán aprovecha cualquier ocasión para recordar mucho a Dios: el nacimiento de un hijo, la celebración de un matrimonio, al acostarse o despertarse, al salir o volver a casa, al ir de viaje o llegar a una ciudad, al ir al volante, antes de comer o beber, en el tiempo de la cosecha, al visitar los cementerios o cuando está triste o enfermo.

 2/ El ayuno (As-Saum):

Ayunar es abstenerse totalmente de comer, beber, mantener relaciones sexuales y fumar desde el alba hasta la puesta del sol. El ayuno es un rito islámico sin parangón encaminado a educar al ser humano en la paciencia, el autentico amor y la lealtad a Al·lâh, Enaltecido Sea.

l musulmán aprende del ayuno, entre otras cosas: a tener un sentimiento creativo de esperanza, ser leal, tener paciencia, ser altruista, ahorrar con moderación, gastar de modo equilibrado, tener fuerza de voluntad, ser equilibrado y juicioso, llevar una vida sana, la disciplina, tener espíritu de pertenencia a la sociedad, de unidad y fraternidad.

El ayuno obligado:

Se guarda anualmente a lo largo del mes de Ramadán, que es el noveno mes del calendario islámico (año lunar).

 El ayuno recomendado:

Consiste en ayunar los lunes y jueves de cada semana, así como los tres días que coinciden con la mitad del mes islámico (13-14-15 de cada mes lunar); También se recomienda ayunar seis días una vez terminado el mes de Ramadán y celebrado ‘Aîd El Fitr  y algunos días en los meses de Raÿab y Sha’abân, que preceden al mes de Ramadán.

 Ayunar durante el mes de Ramadán es obligatorio para todo musulmán o musulmana que ha llegado a la edad adulta (en la pubertad), que poseen juicio y gozan de buena salud, y están residentes, es decir, que no están de viaje.

 Están exentas del ayuno las mujeres durante la menstruación y el post-parto y durante el periodo de lactancia, así como los viajeros y los enfermos.  

3-/ Azaque (Az-zakâ(t)):

 El azaque es adoración y una especie de inversión espiritual.

El azaque significa literalmente en árabe " purificación", eso es purificar los bienes. El azaque consiste en que el musulmán pudiente pague una cantidad determinada -el dos y medio por ciento anual- de la riqueza que exceda de sus propias necesidades, ya sean bienes monetarios, agrícolas o ganaderos. Dicha cantidad se reparte entre los más necesitados.

 El azaque no sólo purifica los bienes de la persona que lo paga, sino que purifica también su corazón del egoísmo y la codicia. Igualmente purifica el corazón del que lo recibe de la envidia, los celos, el rencor y el odio, que se sustituyen a su vez por el afecto y las bendiciones hacia la persona que lo ha pagado.

 El azaque encierra asimismo un profundo valor humano, social y político. Libra, por ejemplo, a la sociedad del conflicto de clases, de los sentimientos de envidia, rencor, de las malas interpretaciones y de la corrupción.

 Todo musulmán o musulmana ha de pagar al menos el 2,5% de azaque si sus bienes sobrepasan al cabo del año el equivalente a 85 gramos de oro ( lo que equivale a 820 dólares aproximadamente en el año 1997), sean dichos bienes ahorros monetarios o mercancías.

 El azaque es aplicado a las riquezas netas, una vez hecha la deducción de gastos personales, familiares, deudas pendientes, impuestos....etc.

 Las personas dignas de recibir azaque son: los pobres, los mendigos, los recién convertidos al Islam, los presos musulmanes (el azaque aquí se paga como rescate) y los deudores (aquellos que tienen pendiente una deuda). También reciben azaque los que se encargan de recaudarlo, los que dedicaron su vida a la investigación, a los estudios o a la difusión del Islam. Son merecedores del azaque también los viajeros emigrantes que pasan necesidad.

 Los impuestos recaudados por los gobiernos no reemplazan en modo alguno la obligación de azaque. El que paga el azaque no ha de buscar vanagloriarse con ello, recibir agradecimientos o tener buena reputación, a menos que lo haga públicamente con miras a incentivar al prójimo a imitarle.

4/ La peregrinación (Al-Haÿÿ):

 Todo musulmán o musulmana que esté sano, mental y físicamente,  y pudiente materialmente tiene la obligación de peregrinar a la Meca, al menos una vez en su vida.

 La peregrinación es la mayor agrupación humana de fieles que tiene lugar anualmente y de manera simultánea sobre la faz de la tierra (el número de peregrinos llegó a 2,5 millones en 1989).

 La paz constituye el lema de dicha agrupación: una paz con Al·lâh, consigo mismo, con los demás y con todas las criaturas vivientes. Está terminentemente prohibido violar aquella paz con cualquier tipo de agresión contra personas, seres vivos y hasta plantas.

 En la Meca se agrupan los musulmanes procedentes de diferentes partes del planeta para responder a la llamada de Al·lâh. Todos acuden a la Meca glorificando sólo a Al·lâh y a nadie más.

 La peregrinación es una agrupación que recuerda a la gran concentración de personas que tendrá lugar el Día del Juicio Final, cuando todos los hombres se personarán iguales ante Al·lâh.

 La peregrinación es también una conmemoración de los ritos celebrados por el Profeta Abraham (Ibrâhîm) y su hijo mayor Ismael (Ismâ’îl) que fueron los primeros en peregrinar a la Ka’aba, la primera casa de Al·lâh establecida sobre la faz de la tierra.

 Es muy recomendable hacer una visita a la Mezquita del Profeta Mohammad, en Medina, aunque el hacerlo no es un requisito para que la peregrinación sea correcta y completa.